lunes, 18 de noviembre de 2013

SSSSí.


No importa, cualquier cosa que escriba va a estar bien. Porque la cuestión es soltar la mano, agilizar un poco, y quitarle el óxido a la mente. Para que luego el relato fluya como se espera. Simplemente eso, escribir algo, cualquier cosa, porque sí. Sin pensar. Un, dos, tres, probando.  

domingo, 29 de abril de 2012

No sé qué pasa,
que cuando el viento pasa
me da vuelta la cara.
Y una vida, llena de destinos escritos, dispuestos a ser cambiados por el más valiente de los inconformistas.

lunes, 4 de julio de 2011

Pulso

Te despertás con la primera alarma que pusiste. La dejás pausada para dormir diez minutos más, ¿Qué le hacen diez minutos más a lo poco que dormiste?
Resurgís del montón de frazadas que te pusiste la noche anterior haciéndole la contra al frío. Como una especie de zombie caminás con los ojos entreabiertos, calentás el agua y esperás. Al levantar la mirada hacia el estante notás que no tenés una sola taza limpia. La pulcritud no es una de las virtudes que te nacen cuando aún no podés terminar de despabilarte. Apagás el fuego, te servís un vaso de leche y te sentás frente a tu computadora, frente al desafío de cada día, frente a la hoja en blanco.
Hace días que querés escribir algo sobre la ansiedad para sacarte la ansiedad. Pero no te pudiste sentar porque estás más inquieto que lo habitual. Tu cabeza late presionada por alguna fuerza extraña que parece suprimirla y hacerla cada vez más chica. Serán las preocupaciones que inconscientes te maquinan y te hacen pensar lo poco y a la vez lo mucho que falta. Siempre lo mismo, la misma espera eterna. Decidís recurrir a algún recuerdo para empezar tu relato del día. Recordás que estás acostado panza arriba sobre la hamaca mirando las formas de las nubes y algún barrilete de tus hermanos que andan cerca. Tenés guardado en la mente todo eso y mucho más; todos los sonidos, colores y olores que tiene esa plaza. Pero no podés seguir recordando. Algo comienza a molestarte en el recuerdo. Esa molestia te trae a tierra. Frente al desafío de cada día, frente a la computadora, frente a la hoja en blanco. Y escuchás. Una suerte de taladro te perfora la sien. Tu cabeza ahora late con más fuerza. Lo descubrís. Lleno de ira te levantás, te vestís, y tomás el ascensor dejando arriba el sonido del portazo retumbando.
Estás yendo a buscar al encargado de tu edificio, él solucionará tus problemas. Arreglará la maldita canilla de tu cocina para que pare de gotear, taladrando y arruinando tus queridos recuerdos.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Arena




Necesito tanto esto a veces. Estar así, abrazados, llenos de arena. Mirar los últimos minutos del sol ahogándose, naranja y vencido, en el mar. No tenemos preocupaciones. Pensamos en nosotros, fundimos pupila con pupila. No dejamos que ningún fantasma del futuro atormente este único momento. Ya habrá tiempo para eso después, aunque ahora quieras evadir el tema.

Esos días se fueron, pero viven todavía en nosotros. Siempre están ahí, a la espera de resurgir en recuerdo para no terminar muertos.
Recuerdo que un punto se agitó en el horizonte hasta convertirse en una ola. La que nos arrebató el recuerdo, y la que nos devolvió al hoy.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Miradas 1

Hay una manzana en la ciudad, distinta a cualquiera, que una vez observé con atención. Personas sentadas y pensativas en barcitos con onda "Palermo Soho", aunque no me detuve en ninguno esa vez. Hacia arriba miré y el cielo era impecable, y brillaba. Hacia el frente demasiada gente humeante. Hacia abajo la vereda, gastada. Hacia atrás frutas con olor a flores de cementerio. Había ciertos negocios de mi interés, y a la pasada descubrí a una peluquera. Estaba distraída y desconcentrada, con la mirada como desencajada, las tijeras inmóviles en su mano, como si algo que le dijera su cliente allí sentada la hubiera llevado al recuerdo más frío, y la hubiese de alguna manera teletransportado a ese recuerdo o pensamiento.
Quizá eso había poseído su cuerpo y su mente. La miré por varios minutos mientras los ositos de la vidriera contigua me observaban asombrados.
Imaginé que pensaba en alguien. En su hija quizás, que desde hacía años no se hablaban y no sabía nada de ella. ¿Tendría hijos?, ¿comería bien?, ¿sería feliz? O en su madre en el asilo, que ya no la reconoce y solo habla de cosas extrañas que nadie entiende, canta de noche frente a la ventana con la mirada perdida hacia el cielo, ahí sola. Y ella que excusa no tener tiempo de pasar a verla. Pero lo cierto es que la aterra ver a su madre desvanecida y fuera de sí, esperando sentada, con un cigarrillo oloroso como sus ropas, su piel fina y casi transparente, sus huesos molidos y desgranados de osteoporosis y años, que en su reloj de arena caiga el último grano.
La peluquera ahora me miraba fijo. Creí en ese momento haber entrado en su mente y ella haberlo descubierto. Seguí caminando.

viernes, 16 de julio de 2010

Ni el más grande y terrible movimiento sísmico, ni la mayor catástrofe va a impedirme verte.